28 de marzo de 2017

Unión prohibida, unión amada, unión anhelada.


    El pecho alza, y sus manos hunde en sus cabellos, las enredaderas que de sus yemas crecen se marchitan, oliváceo color tornado castaño de muerte. Sus labios se rozan, los gemidos afloran, y el aire huele a vino escanciado por mano fría apurada. Hunde sus ojos quien es dios de la vendimia y señor del culto al éxtasis en el azul frío del hádico señor. Los suspiros acompasados, los labios entreabiertos, las lenguas en caricia húmeda. Al suelo los cuerpos caen, labios buscando labios, mordiendo la frágil carne que de la garganta gemidos arranca. Las manos de Hades encuentran en el contrario calor que le ha sido vetado por la tiranía de un injusto hermano, y en gozo placentero vida y muerte florece rodeando sendos cuerpos. Las telas se desgarran y los pechos desnudos se unen, piel sintiente en estallido de albor de vida. Se fuerzan los músculos en demostrar una supremacía que con caricias se premia, y es que las manos del roce de los labios a la cintura descienden buscando disolver las barreras de la carne. El frío vaho que la escarcha antecede del hades se torna rocío sobre la hiedra de las uvas, muere y renace la tierra en un constante revuelo que el equilibrio hace amenazar.

   Las manos del dador de vida en fresnos por la espalda del señor de muerte se deslizan, haciendo del suelo brotar verde brizna que en éxtasis el contrario contempla, caricia prohibida que culmina cuando el contrario el eje del placer con sus manos cubre y sus cuidados propicia. ¿Qué es el Hades sino custodio de la otra cara de la vida? Vino magro en dulce licor se torna en tanto que sus labios le tributan culto en el Olimpo del cuerpo contrario, el gesto relajado, las manos dulces, la una prensada en torno al objeto de devoción, la otra apretando contra sí allá donde la espalda termina contra sí. Sorprende al contrario el gesto, pues la mano de la muerte todos rehuyen y ahora quien en éxtasis se sume no deja centímetro de su cuerpo sin culto profesar. Cesa el cuidado al monte del placer, y los cuerpos de nuevo se unen, labio cubre labio, luz y sombra, la mano fría en los revueltos mechones de los que la vendimia se desprende entrelazados, la sonrisa curvada y la chispa de vida vibrante en el pecho.

   Al más alto de los placeres se entregan y dos se hacen uno, la carne tejido que se moldea y deja entrar el cuerpo contrario para alcanzar la más pura unión del alma. Se sacude el verdor de la floresta al ritmo que sus suspiros profundos se entrelazan, y vida y muerte de la mano danzan. Del suelo emerge raíz de nomeolvides que al tornarse flor se pudre y el pétalo al suelo cae dando vida, ciclo sin fin unido en un instante. El cuello es mordido, exhalado el gemido, las manos útiles que el rostro tocan con devoción y el cuerpo hacen suyo, recorriendo oquedades a la frágil moral vetada y haciendo del culmen vara de placer a la que rendir tributo. El éxtasis llega, y en uno muerte y vida confluyen abrazados en tanto que semilla de vida el aire recorre y en el pecho contrario cae como preciado regalo. Bacanal hádica por Eros bendecida, en los brazos y el pecho oscuro hunde el rostro aquél de cuya piel emana olor a horno de piedra y uva. Como manto de noche fresca e los brazos del lúgubre señor cubren la espalda del dios al que ama.

Cavila el oscuro señor de qué Moira vendrá dado este hado, pues no alcanza a comprender cómo aquél de cabellos lacios que en su pecho ahora dormita puede amar a criatura divina que el mundo rechaza.
Donde por seis meses yacen separados, por seis meses se aman.

15 de marzo de 2017

Sueños desde Santa Mónica


     Sueño con un pequeño cuarto. Quizás no tan pequeño. Pero acogedor, sin duda acogedor. Con faroles, faroles de papel chinos tendidos en una cuerda entre las estanterías. En el techo pegadas estrellas que brillen en la oscuridad, de aquellas que siendo pequeño usaba. Tendrán que ser grandes, así al ser miope no haré sino ver grandes focos de luz sin forma. De piedra la pared en la que la cama se apoye. Y fotos, docenas de recortes de fotos. Ordenados. De mí, de ti, de los dos, de paisajes. Perros jugando al sol, árboles mecerse, gatos bostezar. Cada uno un momento agradable, una sensación grata al corazón. La cama de colchón amplio y duro, las mantas mullidas como si fueran nubes. A sus pies una cómoda pequeña con un viejo reproductor de discos encendido normalmente. Aún sintoniza, puede reproducir de lápices de memoria. Nada en los cajones que convenga sacar a la luz. Probablemente ropa interior. Quizás algún que otro recorte de papel viejo. Verde, quizás, escondido en alguna bolsa. Sobre la cómoda una pequeña estantería llena de pequeños libros. Algún que otro cómic. Mis tetralogías bien ordenadas en orden ascendente. Las tapas viejas por el polvo manchadas iguales. Sin marcapáginas, no me gustan, doblar la esquina de los libros sigue teniendo su encanto. Hay un paquete de patatas con forma de tubo entre los libros. La pared sigue, y en el espacio que hay entre ella y la pared de las ventanas varios póster sin orden alguno. El escritorio. Amplio. Bajo la ventana. Hay dos, separados por una estantería de seis huecos cuadrangulares. Tres para cada uno. Dos cajas para cada uno. Un pequeño pote con un lirio araña rojo sobre la misma. Más libros, más papeles. Quizás caóticos. Carcasas y caratulas de discos y juegos en dos de los estantes. El otro escritorio, con su torre y su cómoda silla. A su lado un ficus de pequeño tamaño. ¿Y el suelo? Moqueta, suave moqueta. De color apagado, probablemente con el sol sea lo mejor. El marco de la ventana lleno de pequeños post it, ninguno tiene un mensaje importante, pero son agradables de leer. Esquina, pequeño hueco, radiador, mesa alta de cristal. Dinero suelto, varias monedas. Gafas, estuche de lentillas, pequeño paño de cristal. Sofá, armarios. Es cómodo, es amplio, los brazos quizás poco confortables, pero el colchón lo compensa. Cabe uno, holgado. Caben dos, pegados. Sueño, sueño, con un sitio acogedor. Que tenga mi nombre, mi huella. Un lugar que yo haga acogedor.


16 de febrero de 2017

13/02 - Caro mío


     Se tacha del diccionario la palabra rehuir y los porqués se disuelven entre el calor de un abrazo que de madrugada dos cuerpos unen en desnuda sinceridad. Corazón a corazón la boca habla y el alma es comprendida. Comprendida y amada. No habrán muros, ni fiebres, ni aguardientes ni montañas que barreras supongan. No habrá angustia, no habrá locura. Resuena entre las paredes de blanca y pulida piedra lunar melodía repetida en secuencias de unos y ceros. Mis ojos descubres como si esta fuera la primera vez que pudiera ver y me enseñas a apreciar la belleza de aquello en lo que nadie repara, de aquello que nadie definiría como grato. Las pantallas rompen su mutismo y repiten tu imagen sonriendo y acercando tus labios a mis mejillas mientras susurras da ysu. Veo tu mano agitarse tras los cristales y despedirse de mí con euforia mientras parto, esperando los dos el momento de regresar. Dejo entre tu pecho entrelazado a tus manos aquello que llamamos corazón de nuevo, y ante los dioses juro que cuantas veces me preguntaras a todas de la misma forma te respondería. Siento el hormigueo del inocente nerviosismo recorrer ingenuo mis dedos en tanto que la ópera sigue siendo cantada y mis dedos en la pantalla deslizo para dejar prueba de mis palabras. ¿Para qué catar todo placer hallado en vida cuando te tornas cúmulo de toda emoción y éxtasis espiritual? Soy torpe escribiendo, Rodas. Inmensamente torpe. Apenas ha caído el Sol dos veces y aquí estoy, sintiendo en el pecho la nostalgia saludar al corazón engalanada con el perfume del olor de tu piel y el recuerdo sensorial de la caricia de tus manos. Quisiera darle un golpe a la clepsidra que mide el reloj del mundo y acelerarlo haciendo que más gotas cayeran. 

     ¿Lósu hu xianan ysynda o ytunynda, Milyc, liyhtu ta cómu bahcyn ah de hudu vihtenca ah se balru ihy lymetaw xia cómu deaha ih huspna - di huspna? Sa ceahdu sio baxiañu aclnepeéhtuda acdu. Rypníy bnavanetu jumjan y dnyhcsedíndamu luh ih ypnywu, oy cypac lósu sa buhku liyhtu sa buhku hanjeucada o hu da dahku lanly. Knyleyc ym leamu xia di lunywóh myda dyspeéh ahdna se balru o xia ci ynnídselu mydetu bynala talensa luh di juw "Ar, bib, lymsy". Da ysu luh lyty vepny tam can xia sa luhvunsy. Hu ahliahdnu bymypnyc byny aqbnacyn my telry xia ceahdu ym cahden xia lysehysuc ta hiaju syhu y syhu. My bancbaldejy ta jejen acda netílimysahda íhvesu deasbu xia ca huc ty y di mytu ac mu úhelu xia sa ymeahdy. Bantuhy y acda bupna pupu bun can nabadedeju. Desun hu jumjaná y rypmyn ahdna hucudnuc, Nutyc, hu liyhtu hiacdnyc julac zihdyc biatah ymwynca sác ymdu, lmynu, vianda o pammu xia ém. Da ysu.


4 de febrero de 2017

Aria - Stay Close to Me


     El vagón se mueve, impulsado por un constante traquetear. ¿Puedo poner mi mano sobre la tuya, Rodas? El paisaje ante mis ojos se desliza desleído, nadie ha querido pintarlo al detalle. Bosque, hoja y rama no son más que el correr de la tinta sobre un lienzo que el propio mundo extiende. El sol acaricia mi rostro, apoyado contra el marco de la ventana con gesto neutro. Cuán rápido fluye todo, ¿en qué estación pretende parar? No es algo que me carcoma ya, pero no puedo evitar que en mí anide el germen de la curiosidad. Rodas, tu mano se siente cálida, en el vagón huele a la salitre del mar. Mis ojos se dejan llevar entre aquello que tras el cristal se apresura en pasar y sin reconocer nada en cada rincón te reconozco. Me siento algo nervioso, parezco un perro que holisqueando el marco de la ventana espera a verte pasar para a tu regazo correr. Qué suave tu tacto, Rodas. Sentirlo cada día sería sinónimo de tenerte en mi vida a cada despuntar del sol, mi corazón egoísta aspira a tener esa dicha. Si hago mi corazón reposar tras las nubes no ven los ojos del alma sino a dos jóvenes que con otros nombres en una ciudad por la razón del hombre olvidada corren entre imposibles edificios en el aire suspendidos, sonrisa en rostro, mano a mano. Si los ojos cayeran hasta el mar que se extiende a lo lejos podría verles en él sumergidos, entre pasillos de cristales y tapices de terciopelo aún brillantes impolutos de verde liquen corriendo. En el bosque vuelvo a encontrarles, en lo alto de la colina cuyo nombre tanto ha querido quedárseme grabado en las retinas del gusto. El sitial de piedra tiene cabida para dos, nada perturba la paz que emana de sus rostros. Espada de luz, corona de hiedra, estandarte que sella una promesa. Dime pues, ángel de amor, si doquiera poso mis ojos no hago sino verte, ¿no es ese el reflejo de lo que realmente deseo? La angustia amenaza con reptar hasta la puerta del vagón alentada por el estrés, pero a mi lado te revuelves y apoyas tu cabeza sobre mí y te juro volver a creer ante el candor que de tu sonrisa emana. Fobos susurra y tus manos en mis mejillas le hacen olvidar, Timor grita y la calidez de tus labios sobre los míos apagan todo rastro de sonido indeseado. No sé dónde vaga este vagón, pero siento que sus raíles a ti me conducen en mi querer. Cierro los ojos movido por el sopor y tus brazos cogen mis hombros para que duerma apoyado en tu regazo. Aun si el sol que a través de las ventanas incide se prendiera a sí mismo y dejara de tener razón de ser, ¿has visto el fuego cálido que arde en tu iris en un suave prender? No existe estrella en el cosmos que rivalice con tu primavera de luz.
"96 horas hasta la próxima parada" anuncia mecánica la voz. Quisiera escribir como tú y condensar en menos palabras tantos circunloquios innecesarios. Tus labios se curvan en una sonrisa, bufas y dejas escapar el viento de la primavera. Huele a isla bendecida, Tu mano apoyas en mi cabeza, me invitas a descansar, los ojos se cierran.
Rodas, al despertar te lo diré, ya falta poco, tu mano entre la mía acojo. Ya falta poco.
Te amo.


6 de enero de 2017

48°52′00″N 2°19′59″E - II


     No creo que lo pueda llegar a describir. Nunca. Quizás no con palabras. No creo que se haya creado idioma por el hombre que explique la intensidad de esa amalgama de sentimientos, quizás por eso las metáforas entierran en ello las raíces de su razón de ser. ¿Cómo describirlo? ¿La sensación? ¿El calor? ¿La felicidad? ¿La calma desbordando cada fibra del cuerpo? La serenidad, la calidez, el candor, el tacto, el aroma, el suave roce, los susurros, la caricia. Tu voz me arrebata del leve lapso en el que Morfeo me toma, pero más que cadena que rompe el velo de la Oniria es melodía que invita a ollar nueva tierra. Los párpados se abren, y ante la claridad de las primeras horas de sol la medialuna de tu sonrisa es cuanto alcanzo a discernir. Gloriosa visión, benditos ojos y maldita incapacidad de ver nítido. Qué bella. La armonía entre el terciopelo de la voz, el castaño de los ojos, los finos labios sonrientes, el calor que desprendes. Mira lo que traje dices. Salí solo a por ellos porque estabas completamente dormido. Y te prometo que no existe ser humano más feliz en el mundo que yo al ver ese genuino gesto de haber cumplido mi deseo. Otrora caigo dormido antes que tú, pero en la duermevela donde todo se diluye escucho tu voz susurrarme y tu mano recorrer mi cabello en tanto que me deseas dulces sueños. ¿Hay sensación más plena? Mi cuerpo busca tu calor y mi pecho a tu espalda pego en tanto que en calma me siento al abrazarte, y quizás en ese remanso de paz Morfeo envidioso no nos deja unirnos en sueños y sólo en carne. Susurra mi nombre una vez más con esa sonrisa queda, la música de la creación no es sino el acompañamiento a tu voz. Quisiera cumplir tantos deseos. No tener que responder al ¿Cuándo podrás quedarte y no tener que irte? por haber hecho que la pregunta carezca de razón de ser. Siento dedos y palabras oxidadas, hacía tiempo que no se expresaban por algo así. No deseo un "¡Llévame a París!". ¿Llevarme? No. Quizás coger la mano por el camino. Quisiera llegar por mi cuenta y mirarte con orgullo en los ojos. Eso deseo. Somnus suena, se hace agradable.