15 de octubre de 2017

Sand Dream


     Mis dedos se sienten torpes, hace mucho que no escribo palabra alguna. Siento que el don se ha perdido. Malogrado, quizás, no logro avivarlo, pero todo ello es irrelevante hoy. ¿Cómo estás? La añoranza se cierne como manto de nubes sobre el mar. Otro año más, ¿verdad? ¿Eres, fuiste? ¿Vives en mis recuerdos? No habito ya cerca del lugar al que al resto de la materia honrar, pero en mi corazón sigues teniendo el mayor de los altares jamás consagrados. No hay día que no piense en ti. ¿Cómo habría sido nuestra vida? No puedo imaginarnos juntos tan mayores, la imaginación se detiene donde llega el recuerdo, avanzar enturbia el rostro y difumina la creación del escenario. Te echo de menos, ¿te lo he dicho ya? Asfixia la sensación de soledad. A veces. ¿He crecido para convertirme en alguien de quien estarías orgulloso? ¿Cogerías mis manos y me llamarías hermano con orgullo? Conforme los años pasan más parece el corazón ser consciente de la pérdida y mayores son los sueños de lo que podría haber sido que caen frustrados. No hay día en que no piense en ti, te amo. Desearía que estuvieras orgullosa del yo que construyo. Dulce aniversario.


10 de julio de 2017

Inconexo - Trazos



Siempre parece estar de la mano cogido, mente serena, ojos férreos anclados en el final, futuro brillante de luz. Toro irá bien, nada va mal. Dejado en el claroscuro de sombras en arena se torna y el corazón se inunda. Parece que los pulmones olvidan el respirar, insomnio tiende su manto y el pulso desata. No merece la pena pensar en qué pensará. El gozne cruje al cierre en tanto que su contraparte se abre de par en par saludando al abismo con los brazos abiertos. Los puños se cierran en plegaria que retiene los colores y hace triunfar el dorado. Palabras recrean un mundo en el que las emociones desbordan los finitos límites. Se sincronizan los latidos con aquellos que el corazón del que el mundo carece posee, labios rozando fantasma de materia oscura. ¿Qué se alza por encima del océano de nubes y góndolas? Arde en su vagar, llama eterna. Por siempre termina acabando, y la contradicción se devora a sí misma en el útero de la bestia. La mano prensa la promesa mientras las yemas la acusan de traidora por no mantenerse. La conexión al futuro se crea desde la inconsciencia y el infinito se plasma en una imagen distorsionada, ¿al final qué camino se crea?



Rehuye del sueño y escucha hablar de un mundo tocado por la luz, de fondo se escucha cálida la voz incitar a hacer de las sábanas cuna del reposo. Está oscuro, está oscuro, parece que volví a espantar a las estrellas. ¿Cuánto tendría que gritar para que volvieran? Dolor ahuyenta dolor. Cierro los ojos, su brillo es devorado por el abismo, la ceguera protege y el espejo desnuda. ¿Es el único que ve como aquello en lo que el alma se cimenta se agita desesperadamente? Voz resuena aclamando la belleza del mundo a pesar de su repugnancia y echo en falta una plegaria que serene. Alzo la voz y canto la mentira hasta caer rendido por la extenuación, los dedos cansados de sostener peso incapaz de desembarazarse. El negro siempre será negro. Bendita ceguera que cubre el pasado y el negro tiñe de un negro al que no da miedo mirar. ¿Ves? Ahora se escucha mejor el rezo, una plegaria nocturna más.



Cae y cae. Cae, cae, cae y cae. Cada vez más profundo. Una a una la creación se desmorona. Parece mentira la incapacidad de regresar, en un mundo afanado en reducirse la salitre del lacrimal parece ser hacedora de un sendero, la escena que sangrante se interna en el subconsciente se torna azul. El sueño marchita, aunque en él se caiga, imitación fallida. ¿Cose alguien la cicatriz de las alas? Oh, abraza mis manos con fuerza e infúndelas de calor, quiero vivir. Llega la noche y con ella la perdición. Yace en una cama y sueña que todo va bien. Nada va bien en mí. La realidad se torna sueño dejado a marchitar y la idea de caer se torna realidad. La vehemencia toma control de mis manos, suena el gramófono, toca repetir una vez más.



Quiero arrancar de mi alma este dolor que no hace más que pudrirla. Quiero arrancar de mi alma esta tristeza que no hace más que marchitarla, de los ojos el velo gris que no hace más que torcer la realidad. Intuyo en un mundo en ruinas un sueño de futuro de luz. Persigo aves blancas echar a volar y en el eterno correr el bosque engulle mis pasos. Las estaciones corren bajo mis pies desnudos, las flores disparan su esencia en arcos de céfiros para que las persiga. Días de primavera que el corazón añora. El sol toca las cicatrices que inconscientemente se ocultan y la calidez se entremezcla en un océano iracundo de orquídeas, índigo aciago. No rozo el cielo, y la canción que de mis labios emerge canta de un mundo de vacío a ratos, y a otros de una luz desbordante en la que las flores emergen. El silencio me observa y los ojos temen cerrarse para dormir. Llega el flujo y los colores de las memorias se van, la noche todo lo bebe. Se llama ficción al dolor y los pétalos de las orquídeas hacia los cielos explotan en cúpula de lágrimas índigas. Llega el agua, helada en su natura y atrapa en su seno las flores de plástico que nunca podrán pudrir. Si el hoy existe para que el mañana se perpetúe, ¿qué ofrecer para un futuro perdido? La noche sigue observando, bebiendo, incapaz de tender la mano. Despierta la melodía del bosque, tumba de lágrimas índicas, latido de un corazón empapado en barro.




28 de junio de 2017

Zubi


     Quiero forjar un puente de estrellas, de esencia inmaterial, iridiscente, que paso a paso el eco de los sueños que lo conforman refulja al andar. Quiero que las estrellas palabras escritas dirijan a mi ser. Palabras, versos, canciones. Quizás echo de menos leer algo escrito para mi nombre evocar. ¡Dárel, Dárel, helo aquí!, mas no hay. Quiero una ciudad, un faro y un hombre donde las alturas a nadie atrapen en cárcel de ave ni cuyo puerto conduzca al cementerio del mar. Quiero ser llama que prenda un sueño, báculo que prensar, cristal que hacer brillar y sendero del cielo para aves que recorrer cuando echan a volar. Poco a poco cristalizo una estela que no sé dónde conduce, pero el no saber el corazón no desestabiliza, pues en el caminar encuentro paz. Adónde y por qué no conozco, pero por algo se ha de empezar. El corazón se hincha con el orgullo del sustento propio, y el sudor de la frente jornal del alma y gozo retribuye. ¿Dónde iré? ¿Cómo acabará? La senda empieza y a pesar de no saber no tengo miedo al caminar. Los pulmones se inflaman con el oxígeno de un aire que expresa libertad. ¿No es bello acaso sentir que las cadenas poco a poco en cristales rotas se liberan? Trabajar, trabajar.
Quiero forjar un puente de estrellas, de esencia inmaterial.

19 de junio de 2017

"steadfast to their loyalty..."


     ¿Quién existe por el bien de quién? ¿Nación, tierra, patria, pueblo? Qué son esos conceptos, oh Altria, cuando al final solo queda aquello que sostienen tus manos. ¿Me extrañabas? La esmeralda que brilla apagada en tus ojos tras volver a la misma cima de la colina incontables veces no parece sorprendida. Muerta por el bien de una nación cuanto todo posees has dado. Viva por el bien de un sueño efímero en la cima de una colina has aguantado. ¿Se puede luchar contra el destino, Altria? La colina se desdobla y en una distante utopía el rojo de la sangre que por las sedas corre se torna cerúleo azul. ¿Has probado a cantar el nombre de la vaina que la utopía protege? ¿No es sino la cristalización del anhelo más profundo del corazón del hombre? Rhongomyniad ata los dos extremos, y la tierra de la por siempre distante utopía mantienes alejada de un mundo que la prana que lo sostiene pierde. Dime, Altria, ¿qué se siente en tanto que el pacto con el mundo forjas y te arrojas a la desesperada búsqueda de un Grial incierto? En vano alzas la espada contra un destino cuyas cadenas atan cielo y tierra. Mancillada está la salvación de un camino cuya ruina no puede evadirse en lo alto de la colina, ¿cuántas veces ha caído el sol en la soledad de la cima bañada por un crepúsculo que nunca se pone? 

     La oración cae de los labios sin ser escuchada y aún así esperas, esperas a la espera del milagro. ¿Por qué elevas de nuevo la cristalización de los sueños del eco del hombre que entre tus manos portas cuando me ves llegar? Oh, Altria, exclámalo con fuerza conmigo, que tus labios griten el credo y tu boca estalle en el grito de gozo. ¡Dilo, Altria, dilo! ¡Alza la luz! ¿¡No ves como brilla!? ¡Tu figura no es sino forma hecha carne de un sueño que en el propio mundo que mi corazón gesta recrea! ¡Alza la luz, Altria, y que el sueño que las versiones que el corazón en pasado, presente y futuro anhelan no caigan en grito de agonía mortuorio al acercarse su final! ¡Atesora la luz que las plegarias te ofrecen y nútrelas con la luz que cristalizada con las plegarias más puras de los momentos de desesperación he gestado! ¡Libera esa voluntad como el orgullo y honor que sobre tus espaldas pesa con regia porte encomiándolas a ser leales en su momento de desesperada irracionalidad! Y... ahora... ahora, oh, Altria, ahora como soberana invicta te suplico que cantes con orgullo el nombre del milagro que portas entre tus manos. ¡La luz que las plegarias del ánima forja en su seno brilla con la luz del éxtasis de la utopía alcanzada! ¡Concédeme este deseo, oh Altria, y no habrá sitial para trono que no sea reverenciado en tu nombre! ¡Honor caído trocado en luz sagrada que las manos sanen y la utopía atraiga! ¡Nunca más el sueño que en el corazón se gesta distante, nunca los labios murmurando frágiles el por qué las manos nunca sostienen nada que merezca proteger! ¡Alza tu mano, Altria, con orgullo inflama esta colina de muerte! ¡Rey de una utopía que el corazón gesta y en la ficción de una página escrita recreo como desahogo, desata el nombre del milagro que hago sostener entre tus manos!


4 de junio de 2017

Carro del Sol


   Puedo ver sus dedos temblar, las yemas estremecerse ante la cálida luz. Las uñas desiguales en humana inquietud mordidas, el pecho alzarse arrítmico y descender presa de la respiración agitada. La pupila se dilata y la respiración se entrecorta mientras los brazos abre, la piel desnuda presa de la toga del vello erizado. Y yo me pregunto, a medias entre aquél que se alza y aquél que cae, ¿quién cae sobre quién y quién se alza hacia quién? Del carro dorado Helios sus brazos estira en pos de la mano de Ícaro alcanzar y su cuerpo entrelazar al suyo, mas la cera de sus alas traicionan y aunque en vuelo se alcen del calor la altura pierden y su preciada sustancia precipitan. Cuanto más cercano el ansiado contacto mayor parece ser el apremio, y es que carro y alas en nada quedan con tal de sentir el roce de las manos. Las plumas deshechas, las plumas caídas. Phlegon y Aeos arrastran el carro más allá de los círculos del mundo, libres de la divina mano que la senda celestial con metódica paciencia sigue. Se encabrita Pyrois ante la atenta mirada de Aethon, quien piafa en silencio. El carro del sol con los cuatro se aleja, y el calor que las alas consume cesa, resplandor sacro que el rostro de la divina presencia sustituye. ¿Puede describirse el éxtasis táctil en el que se sume Ícaro cuando sus dedos se entrelazan a los de Helios? Al fin pude alcanzarte, parece suspirar, y los labios del Olímpico sellan el gozo uniendo los suyos al del mortal en tanto que su caída evita abrazándolo hacia sí. ¿Qué son alas, si el alma de Ícaro siente ascender al calor del pecho de quien el sol encarna? Alabado sea el sol, pues la cera que derrite de comburente sirve para una llama que el pecho forja al calor del cuerpo en abrazo por ánima al corazón cara.